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Olavarría quiere saber

PAVIMENTACIÓN INTERMINABLE: El asfalto que duró menos que el relato.

May 14, 2026

Maximiliano García Wesner, conocido desde hoy y para siempre por un apodo que le robamos descaradamente a un lector brillante, arrancó en julio de 2025 las obras de pavimentación en el barrio Pickelado de Olavarría.

La promesa era sencilla: cordón cuneta y asfalto en Bolívar y Coronel Suárez. Una obra de esas que te venden como “transformación histórica” mientras acomodan la cámara para la foto y alguien sostiene el mate institucional mirando al horizonte, como si estuvieran refundando Dubai y no tapando pozos.

La obra fue licitada. Y casualmente ganó PECMA. Sí, la empresa cuyos dueños serían íntimos amigos de VALICHANTI. Qué curiosidad maravillosa tiene siempre el destino con La Cámpora. Uno tira una licitación al aire y termina cayendo justo en manos amigas. El azar militante.

Lo cierto es que la obra que supuestamente iba a durar tres o cuatro meses terminó tardando nueve. Un embarazo completo. Faltó nada más el baby shower del asfalto.

Finalmente, en marzo de 2026, quisieron inaugurarla con bombos, fotos y sonrisas de gestión eficiente. El problema es que el asfalto duró menos que el entusiasmo por cortarle la cinta: se partió.

Sí. Se rompió al poco tiempo.

Entonces volvió PECMA SRL a arreglar lo que PECMA SRL había hecho mal. Un sistema fantástico: hacen la obra, la rompen y después cobran por arreglarla. Economía circular camporista.

Para peor, los arreglos no estaban correctamente señalizados. Resultado: durante las noches del fin de semana pasado hubo al menos dos accidentes de vehículos que terminaron chocando contra las reparaciones mal delimitadas. Porque aparentemente poner un cartel o una baliza era demasiado esfuerzo revolucionario.

Y atención vecinos: si sufren daños por estas obras mal señalizadas, tienen derecho a reclamarle al Municipio. La responsabilidad es municipal y corresponde exigir el pago de los arreglos del vehículo. Reclamen. Para cobrar tasas funcionan rápido; para hacerse cargo de los desastres, bastante menos.

Mientras tanto, el barrio está agotado.

Los propios vecinos cuentan que en el grupo de WhatsApp se armó una especie de guerra civil del asfalto. Si alguien critica las obras mal hechas, aparecen los defensores seriales del “por lo menos tienen pavimento”.

Pero el reclamo no es contra el asfalto.

El reclamo es que las obras estén bien hechas. Que empiecen y terminen. Que no se conviertan en una condena eterna de tierra, cortes y remiendos improvisados.

Porque además del pavimento roto, la plaza del barrio es un caos: pasto sin cortar, montículos de tierra abandonados desde hace meses y sectores que ya parecen pequeñas sierras con vegetación propia. Un ecosistema completo financiado por el contribuyente.

Y esto todavía no termina.

Para no cortar completamente la calle Bolívar mientras reparan el asfalto que colocaron hace apenas un mes, decidieron cortar parcialmente sectores sin señalización adecuada. Los vecinos cuentan que cuando terminan un tramo, arrancan otro en la mano de enfrente. Después seguirán con Coronel Suárez, porque ahí también se rompió el asfalto.

La pregunta que hacen todos es bastante simple:
¿cuándo termina la obra?

Porque ya llevan casi un año viviendo entre máquinas, tierra, cortes y parches.

La moraleja parece repetirse siempre igual: se contratan empresas amigas del poder aunque trabajen mal… y el que termina pagando el desastre es el vecino.

𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.

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