
Concejal Aguilera: una breve explicación sobre para qué existe el acceso al RAFAM

Parece que hace falta repasar algunos conceptos básicos de la vida democrática.
No, concejal, el acceso de los concejales a la información pública no depende de si al oficialismo le gusta cómo la oposición interpreta los datos. Tampoco depende de si los números terminan en una conferencia de prensa incómoda, en un comunicado molesto o en una publicación que deja mal parada a la gestión.
De hecho, ocurre exactamente al revés.
Los sistemas de información del Estado existen para que los representantes elegidos por los vecinos puedan controlar, preguntar, analizar, investigar y, llegado el caso, cuestionar la gestión. Incluso cuando sus conclusiones resultan incómodas para quienes administran el poder.
Porque el control no es un premio al buen comportamiento.
No es una recompensa para quienes aplauden.
No es una concesión graciosa del Ejecutivo.
Es una obligación institucional.
Lo llamativo no es que la oposición utilice información pública para hacer política. Para eso fue elegida. Lo verdaderamente llamativo es escuchar a referentes oficialistas admitir con absoluta naturalidad que el acceso a esa información podría condicionarse según quién la consulte o qué diga después de consultarla.
La frase encierra una lógica preocupante:
“Si no nos gusta lo que hacen con los datos, les cerramos la canilla.”
Una lógica más cercana a la administración de un club privado que al funcionamiento de un municipio.
Porque los datos del Estado no pertenecen a un espacio político. No son propiedad de La Cámpora, ni del oficialismo de turno, ni de ningún funcionario.
Son información pública generada con recursos públicos y sobre la administración de recursos públicos.
Y justamente por eso deben estar disponibles para los organismos de control y para los representantes de la ciudadanía durante todo el año. No solamente cuando resulta conveniente.
Lo más sorprendente es el nivel de naturalidad con el que se expresa esta idea. Como si restringir el acceso a la información fuese una herramienta legítima de gestión y no un problema en sí mismo.
Tal vez estos años administrando el poder genera esa sensación de impunidad donde ciertas cosas dejan de parecer graves.
Pero conviene recordarlo:
La transparencia no consiste en mostrar lo que conviene mostrar.
La transparencia consiste en permitir que otros vean lo que uno preferiría que no miraran.
Y si la oposición encuentra algo cuestionable en los números, el problema no es que tenga acceso al RAFAM.
El problema, en todo caso, podría estar en los números.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
#RAFAM #ConcejoDeliberante #LaCampora #Transparencia #InformacionPublica #PoliticaLocal