
Hay que reconocerlo: vender humo también es un arte. Y en Olavarría, la gestión actual lo practica con diploma, posgrado y maestría. Esta semana anunciaron, con comunicado prolijo y sonrisa ensayada, *“un gran aumento para los trabajadores municipales”*. El problema —detalle menor— es que el aumento estaba **congelado desde junio del año pasado**.

Pero calma, que inmovilidad no es abandono. Mientras el salario básico dormía la siesta, aparecieron los famosos *“bonos”*. Antes se llamaban aumentos en negro; ahora se llaman bonos. Cambia el nombre, no la trampa. Expertos en relato, especialistas en maquillaje salarial: no sube el básico, pero te tiran un bono y esperan agradecimiento.
El bono de fin de año merece un aplauso aparte. Se cobra en cuotas… **y se termina de cobrar en Pascua**. No, no es un chiste. La primera cuota llega en febrero y el “gran” 9% se completa recién en julio. Ideal para festejar las vacaciones de invierno mirando precios desde afuera.
Mientras tanto, hay algo que sí creció sin cuotas, sin congelamientos y sin comunicados épicos: **los sueldos de los funcionarios**. Ahí no hubo bonos creativos ni pagos escalonados. Ahí el aumento fue directo, limpio y puntual.
Y cuando la sátira parece completa, llega el broche final: anuncian *pases a planta* como si fuera una hazaña histórica. La novedad es que **no hay novedad**. Es una obligación del Estado y un derecho de los trabajadores establecido hace años en el Convenio Colectivo de Trabajo. No es gestión: es cumplir la ley… tarde, selectivo y mal.
Mientras los empleados siguen siendo ninguneados, tratados como descarte, con pases arbitrarios, derechos incumplidos y persecuciones ideológicas, nos enteramos —sin asamblea, sin actas y sin ruido— que *el Tano* habría entrado calladito a negociar con el Ejecutivo. Ni los propios delegados estarían informados. Enero, calor y sindicato en modo vacaciones.
Y atención, porque abajo de la alfombra algo se mueve. El mar de fondo ya no está tan calmo. En los pasillos municipales se escucha un murmullo que crece: **el empleado está cansado**. Cansado del bono en cuotas, del aumento congelado, del ninguneo permanente y del verso reciclado.
Todavía es rumor, todavía es pasillo, pero la frase empieza a circular con insistencia: *“les quedan dos años”*. Dos años a las promesas incumplidas, dos años al relato repetido, dos años a una gestión que confundió administrar con vender cuentos.
Porque el relato puede aguantar un comunicado más. Lo que no aguanta es la memoria. Y al final del camino, el relato no se cobra en cuotas: **se atiende como corresponde en las urnas**.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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