
En el Juzgado de Faltas Municipal y en Defensa del Consumidor pasó algo raro. Rarísimo, casi exótico: trabajadores que dijeron basta.

Basta de aportar para que nadie los represente.
Basta de pagar “solidariamente” por un sindicato que de solidario tiene el nombre y poco más.
Basta de ver cómo el descuento en el recibo pesa más que el aumento que anuncian con bombos y silencio incómodo.
Porque sí, el número no miente: entre aportes y “solidaridades obligadas”, hay casos donde Stuppia se lleva más que lo que el trabajador gana de aumento. Negocio redondo. Para uno solo, claro.

Y acá viene la memoria selectiva que nadie quiere recordar: cuando estaba nuestro querido José y Galli, el sindicato prendía fuego todo por un 55% de aumento. Paros, ruido, presión… el manual completo.
Ahora, con un 1,1% de aumento, el silencio es casi religioso. Ni una chispa. Ni un susurro. Parece que el fuego también milita.
Entonces pasó lo que no tenía que pasar: los Municipales hablaron.
Le dijeron en la cara a Stuppia lo que piensan.
Y hasta hicieron algo imperdonable: propusieron cómo mejorar el sueldo municipal (desinflar el sueldo del funcionario).
Un pecado capital en ciertos ambientes.
Desde acá, aplauso de pie. Porque no es gratis. Ellos saben perfectamente cómo funciona la cosa:
sumarios que aparecen de la nada,
traslados “casuales”,
apercibimientos prolijos,
carreras que se congelan misteriosamente.
El manual de siempre.
Y como en toda obra repetida, apareció el personaje de rigor: la “bombera” política. La Griselda Blanco mandando a Stuppia a apagar el incendio. El mismo que antes se usaba cuando convenía hacer ruido. El mismo que ahora molesta… pero del otro lado.
Curioso cómo cambia la intensidad según quién esté en el poder y cuánto convenga gritar.
Lo cierto es que el fuego no lo encendieron ellos. Lo prendió la realidad: sueldos flacos, descuentos gordos y representación ausente.
A los trabajadores que se animaron: respeto.
A los que miran en silencio: el mensaje ya está dado.
Y al sindicato… que explique por qué antes incendiaba por mucho más y ahora ni pestañea por casi nada.
Desde OQS los acompañamos. Y sí, sabemos lo que viene: los van a ir a buscar. Siempre pasa cuando alguien decide no agachar la cabeza.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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