
Mientras Olavarría tiene problemas reales, urgentes y cada vez más visibles, algunos dirigentes decidieron regalarle a la ciudad un espectáculo difícil de justificar: discutir públicamente el valor de sus camionetas.
Sí, eso… En serio, eso.

Casamayor y Lascano protagonizaron un cruce que no suma, no construye y que deja en evidencia un nivel de desconexión preocupante.
Porque no es solo una pelea menor. Es un síntoma de algo más profundo: la ausencia total de orden político dentro del liberalismo local.
¿Dónde está la conducción?
¿Quién baja una línea?
¿Quién pone límites?
Porque esto no es frescura ni espontaneidad. Es desorden. Es falta de dirección. Es falta de criterio.
Y mientras tanto, la discusión pública gira en torno a quién tiene la camioneta más cara.
En una ciudad con problemas estructurales, con vecinos que no llegan a fin de mes, con temas que exigen seriedad y gestión… la respuesta es esta.
Un papelón, pero no cualquier papelón… Un papelón histórico.
Porque no solo deja mal a los protagonistas. Deja mal a todo un espacio que, en teoría, venía a ofrecer algo distinto.
¿Esto es lo distinto? ¿Chicanas económicas por egos dolidos?
¿Discusiones de patrimonio como si fuera una competencia de status?
La política no necesita más shows de vanidad. Necesita orden, dirección y altura.
Hoy, nada de eso aparece.
Y encima, el calendario no espera.
Se acerca el 2027, y si siguen en esta lógica, no van a llegar ni a concejales. Así de simple.
Pónganse las pilas.
Porque mientras discuten nimiedades, el riesgo es uno solo: que La Cámpora vuelva a ganar otra vez sin despeinarse.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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