
Ah no! Perdón! Es la gestión de la conciencia de clase.
Hay que reconocerlo: el gobierno municipal de Olavarría tiene un talento extraordinario para el relato. El problema aparece cuando llega la hora de pagar.
Porque si gobierna Milei, aumentar tarifas es pisarle la cabeza al laburante. Si aumenta la Municipalidad de Olavarría, en cambio, parece que estamos ante un fenómeno económico mucho más sofisticado: una actualización. ¡Qué alivio! No es que te cobran más, es que tu bolsillo todavía no entendió el nuevo vocabulario de la política.

Primero fueron las tasas municipales. Nos explicaron que no era un aumento, sino una actualización. Ahora les toca al transporte público y al estacionamiento medido. Desde este lunes 19 de octubre, el boleto mínimo urbano pasó a costar $1.937 y estacionar una hora en la Zona 1 cuesta $600. El bolsillo del vecino, mientras tanto, no necesita ninguna actualización semántica: siente el golpe igual.
¿Y la conciencia de clase? ¿La defensa de los trabajadores? ¿La sensibilidad social que tan bien queda en los discursos? ¿Se toma vacaciones cuando hay que firmar los nuevos cuadros tarifarios?
Porque hablemos del estacionamiento medido. Cuando asumió, esta gestión decidió cambiar el sistema que funcionaba con Soluparking. En aquel momento, el discurso oficial puso el acento en los costos, la falta de justificación de los aumentos que reclamaba la empresa y la necesidad de que la recaudación quedara en Olavarría. También se cuestionaba la transparencia del esquema anterior.
Perfecto. Se terminó aquel modelo y llegó el sistema municipal, con una aplicación desarrollada mediante un convenio con la Universidad Nacional de La Plata. Se anunció como una alternativa más accesible, inclusiva y transparente, con la promesa de que los recursos quedarían en las arcas municipales.
Ahora bien: ¿qué hacemos con el discurso cuando también aumentan las tarifas del sistema que vino a reemplazar al anterior? ¿La actualización de hoy es virtuosa porque la aplica el Municipio? ¿El impacto en el bolsillo desaparece mágicamente cuando el que cobra es el Estado municipal?
No estamos diciendo que los costos no existan ni que las tarifas deban permanecer congeladas para siempre. Estamos preguntando algo bastante más sencillo: ¿con qué vara se mide cada aumento? ¿La que sirve para cuestionar al adversario o la que se guarda cuando la decisión incómoda la toma el propio gobierno?
Porque para señalar a Milei siempre hay micrófono, discurso y dedo acusador. Pero cuando el vecino tiene que hacer cuentas para ir a trabajar, estudiar, hacer un trámite o dejar el auto en el centro, la explicación económica no paga el boleto ni el estacionamiento.
Y acá aparece la parte más interesante de esta comedia: el relato de la sensibilidad social convive con una realidad en la que trasladarse cuesta más. El trabajador que viaja todos los días no puede pagar con consignas. El comerciante que necesita estacionar tampoco. Y el vecino que ya viene haciendo malabares con las cuentas no tiene un bolsillo paralelo para los aumentos que llegan desde el Palacio Municipal.
Entonces, hagamos memoria. Si el aumento de una empresa privada era inaceptable, si el costo era una preocupación y la transparencia una bandera, corresponde que ahora se expliquen los nuevos valores con la misma energía. No alcanza con cambiar de sistema y dar por resuelto el debate. La transparencia no consiste solamente en administrar la recaudación: también implica explicar las decisiones, sus fundamentos y sus consecuencias.
¿Y el famoso gobierno con conciencia de clase? ¿Dónde queda cuando el trabajador vuelve a sacar la calculadora antes de salir de su casa?
Porque la ironía es difícil de ignorar: quienes suelen denunciar que el gobierno nacional le pisa la cabeza al laburante ahora tienen que explicar por qué viajar y estacionar en Olavarría también cuesta más.
Ah, pero cuidado con las palabras. No digamos aumento. Digamos actualización. Suena mucho mejor, queda más elegante y, con un poco de suerte, hasta parece que el vecino debería agradecerlo.
La pregunta no es si Milei aumenta. La pregunta es qué tiene para decir la gestión de la conciencia de clase cuando aumenta ella.
Porque una cosa es defender al trabajador en un discurso y otra muy distinta es acordarse de él cuando llega la cuenta.
Y si la diferencia entre un gobierno y otro termina siendo solamente quién pronuncia la palabra aumento y quién prefiere llamarla actualización, entonces el problema ya no es el diccionario.
Es el cinismo.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.