
En la asamblea de municipales autoconvocados pasó algo que ya ni sorprende, pero igual indigna.
A los 10 minutos apareció el “Tano”.
Nadie lo llamó. Nadie lo esperaba. Pero ahí estaba.Claro, el chisme de pasillo corre más rápido que cualquier expediente. Y cuando hay que controlar quién habla… la puntualidad mejora.

¿A qué fue? No fue a defender. No fue a proponer. No fue a acompañar.
Fue a mirar. A registrar caras. A tomar nota de quién se anima a decir lo que muchos piensan.
El deporte de siempre: después vendrá el informe, prolijito. Y atrás, el combo conocido: persecución elegante, apercibimientos finos, sumarios oportunos, cambios de área “casuales”.
Si pensás distinto, ya sabés el protocolo.
Arrancó con el clásico inoxidable:
“No hay plata”. Perfecto.
Le preguntaron si había visto los números del municipio.
Respuesta: no.
Ni acceso tienen. RAFAM cerrado, números guardados, concejales mirando desde afuera… pero el diagnóstico aparece igual. Una especie de tarotista presupuestario.
Entonces la pregunta fue inevitable:
si no viste los números… ¿cómo sabés que no hay plata?
Silencio incómodo.
Y ahí apareció la memoria selectiva: con Eseverri y con Galli sí había plata. Por eso ahí había paros, presión, fuego, show completo.
Hoy, con un 1,1% de aumento… paz absoluta. Ni humo. Curioso.
Antes se prendía fuego todo por mucho más.
Hoy, con casi nada, reina la calma sindical.
Pero el argumento hace agua. Porque en ese entonces tampoco sobraba nada: con Alberto Fernández y Axel Kicillof, el contexto no era precisamente un paraíso.
Y sin embargo, el municipio funcionaba. Conclusión simple: alguien supo administrar… y La Campora no.
El “Tano” prometió pedirle los números a Griselda para después “bajarlos” a los trabajadores. Momento incómodo: ¿quién conduce a quién?
¿El sindicato representa a los municipales… o espera instrucciones para repetirlas?
Porque no hace tanto, el mismo que hoy duda era el que paralizaba hospital, contaduría y licitaciones. No preguntaba. Ordenaba.
¿De qué se disfraza ahora?
Cuando la cosa se puso espesa, llegó la jugada más cínica de la noche: “Si están desconformes, armen una lista y compitan”. Democracia versión decorado. Porque le respondieron en la cara: mostrá el estatuto. Explicá cómo se arma esa lista.
Silencio.
Ni reglas, ni papeles. Solo la invitación a jugar un partido donde el reglamento lo guarda él.
Esta vez no funcionó.
Los municipales dijeron basta.
Basta de amenazas disfrazadas.
Basta de dirigentes que se creen dueños.
Basta de democracia recitada… pero nunca aplicada.
Y además, hablaron de lo que realmente importa:
Pidieron que los funcionarios eliminen los plus salariales. Esos “extras” por usar GEDO, SIMO, RAFAM… sistemas que maneja cualquier trabajador municipal.
Un curro con nombre técnico.
También exigieron que dejen de meter monotributistas.
Siguen contratando “nuevos profesionales” , casualmente alineados, mientras el municipio está lleno de gente capacitada a la que corren por no ser del palo.
La propuesta fue clara:
dejen de agrandar la planta política y los sueldos inflados… y usen esa plata para mejorar salarios.
Pero claro, eso implicaría gestionar.
También lo dijeron sin vueltas:
las categorías no se ganan por mérito. Se reparten por militancia. Si no sos de La Cámpora… a llorar a Magoya.
Y mientras tanto, Stuppia cree que todo esto lo fogonea la oposición.
ERROR.
Los que estuvieron ahí cuentan otra cosa: había de todos. Porque cuando el sueldo no alcanza, la ideología se guarda en el cajón. A fin de mes no se milita. Se llega… o no se llega. Por eso la bronca es transversal. Y por eso molesta tanto
Los que hablaron son trabajadores con años en el municipio.
No piden política. Piden sueldo digno.
Se sienten perseguidos, ninguneados y usados.
El “Tano” fue a mirar.
Los municipales, esta vez, hablaron.
Y cuando el hartazgo deja de ser murmullo…
no hay lista, relato ni apriete que lo tape.
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