
Todo proceso tiene un inicio.
En el ITECO, también.Y no fue precisamente académico.
La nueva conducción no cayó del cielo: tiene nombres, apellidos y un sello político que ya es marca registrada en Olavarría.
Detrás del armado, otra vez, aparece La Cámpora.
El equipo quedó conformado por Diego Cunioli (ex secundario) como Director Académico, Ana Rodríguez (nivel inicial) como vicedirectora y Matías Berardo como secretario académico —sin experiencia en la función— reemplazado luego por Pía Cirigliano, profesora de educación física, designada a dedo.
Un detalle: ninguno con experiencia en nivel superior.
Otro detalle: ninguno con recorrido en la institución.
Pero claro… los detalles molestan cuando el criterio no es académico.
Las preguntas sobran:
¿Quién decidió estos nombres?
¿Bajo qué parámetros?
¿Dónde quedó el concurso?
Y sobre todo:
¿Por qué no se convocó a más de 15 docentes del propio instituto con experiencia, títulos y años de trabajo?
Tal vez porque no comulgaban con el espacio político correcto.
Tal vez porque la meritocracia acá es apenas decorativa.
Mientras tanto, el ITECO quedó en una especie de limbo:
designaciones poco claras, cargos difusos y una conducción más preocupada por alinearse que por conducir.
Y por si faltaba algo, aparece otra pieza clave del engranaje: la inspectora regional Romina Altafini, señalada por bajar línea directa y validar decisiones sin demasiado apego a la normativa.

Pero esto recién empezaba.
Porque cuando la política ocupa… después ordena.
Y cuando ordena… alguien siempre queda afuera.
(Continúa…)
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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