
Si alguien esperaba gestión… no la va a encontrar.
Porque cuando el criterio de ingreso falla, la gestión directamente desaparece.
El director Diego Cunioli renunció a los pocos meses.
Lo comunicó por WhatsApp.
¿Motivo? “Mucho trabajo”.
A los días volvió.
Pero sin cambiar nada.
Decisiones por mensaje.
Reuniones vacías.
Conducción ausente.
Mientras tanto, el deterioro avanza.

Un simulador millonario donado por Cementos Avellaneda —que capacitó a más de 100 personas— hoy está abandonado.
Sin mantenimiento, sin uso.
Un recurso clave… convertido en adorno.
Pero no termina ahí.
Aparecen los clásicos: beneficios internos, discrecionalidad y situaciones difíciles de explicar.
Estudiantes condicionados por deudas.
Docentes que renuncian por destrato.
Otros directamente despedidos.
¿Y el kiosco?
Sin concesión.
Quedó en manos de un familiar del entorno directivo.
Todo queda en casa.
Mientras tanto, la estructura institucional se desarmó:
el Consejo de Administración, presidido por Bernardo Balbino, prácticamente dejó de funcionar.
Las empresas, en silencio.
El municipio, ausente.
Y cuando aparece alguien, es para la foto, como cuando vino Axel Kicillof… pero el simulador ni lo mostraron. Todavía no estaba listo el decorado.
El cierre es simple: no es desorden, no es incapacidad.
Es un modelo.
El modelo de La Cámpora aplicado a la educación.
Y el ITECO… apenas otro ejemplo.
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𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.