
Dijeron que venían a trabajar a la par de los empleados municipales. Que serían un compañero más (Vaya compañerismo). Que no habría revanchismos, castigos ni persecuciones por pensar distinto.
Sin embargo, otra trabajadora municipal se comunicó con nosotros para contar una historia que, curiosamente, se parece demasiado a otras que ya hemos recibido.

Según denunció, recibió un llamado en pleno horario laboral para ser notificada de algo que nadie quiso explicarle por teléfono. Horas después le informaron que dejaba su lugar en Defensa al Consumidor para ser trasladada a otra dependencia a partir del lunes. Todo bajo la elegante etiqueta de “reordenamiento”.
¿Los motivos concretos? Nadie se los habría podido explicar.
¿El dato llamativo? La trabajadora milita abiertamente para un espacio opositor al gobierno municipal, participó de los municipales autoconvocados y fue una de las voces críticas por la cuestión salarial y las horas extras.
Más llamativo todavía: según su relato, ni siquiera su jefe directo fue consultado previamente sobre la decisión.
Qué extraño concepto de reorganización. Mueven una pieza sin consultar a quien conduce el área y, casualmente, la pieza que se mueve es una empleada que piensa distinto y que además lo dice públicamente.
Pero seguramente sea una coincidencia. Otra más.
La trabajadora sostiene que tiene una conducta intachable, que incluso realizó tareas por encima de sus obligaciones y que terminó siendo la única afectada de su grupo.
Y su denuncia cierra con otra pregunta incómoda. Mientras algunos trabajadores aseguran ser “reordenados” por razones que nadie logra explicar, ella señala que existe un empleado municipal condenado con sentencia firme por violencia de género que continuaría percibiendo su salario.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿el problema es la conducta de los trabajadores o el pensamiento de algunos trabajadores?
Porque si alguien que cuestiona, reclama o milita para la oposición termina trasladado y alguien condenado por violencia de género sigue cobrando, al menos desde afuera el criterio parece bastante difícil de entender.
Le prometieron a los municipales que la persecución política no existiría en Olavarría. El problema es que a nosotros los testimonios nos siguen llegando. Y cada vez se parecen más entre sí.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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