
En Olavarría parece que un cargo ya no alcanza.
La jefa de Gabinete, intendenta de hecho y ahora también diputada provincial anunció que seguirá al frente del Municipio ad honorem. Y el oficialismo casi lo presenta como un acto heroico. Gracias, Griselda, por no dejarnos solos.
Pero no nos confundamos. Esto no parece ser un problema de plata ni un gesto de sacrificio. Se trata de otra cosa: de seguir estando en cada decisión, de conservar el control y de que la lapicera no se aleje demasiado.
Porque, casualmente, en medio de un peronismo en plena disputa de poder, la banca que dejaría vacante sería ocupada por un dirigente alineado con Axel Kicillof. Y en política hay algo que algunos espacios no negocian jamás: perder un centímetro de poder.

Entonces la solución es sencilla: se asume un cargo, se conserva el otro y se controla todo lo posible desde ambos lados.
El relato oficial lo vende como compromiso. Pero cuesta verlo como un acto de generosidad cuando la consecuencia práctica es concentrar cada vez más poder en las mismas manos.
El título de esta nota dice que el que mucho abarca, poco aprieta. Seamos justos: ese no parece ser el problema. Acá, según coinciden propios y extraños, apretar se aprieta. Y bastante.
Porque al final la pregunta no es quién ocupa los cargos. La pregunta es por qué en Olavarría pareciera que todo tiene que pasar siempre por la misma lapicera.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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