
El intendente Maximiliano García Wesner anunció la construcción de 40 viviendas en el Barrio Pickelado. El anuncio, por sí solo, suena bien. El problema aparece cuando uno lo compara con las promesas de campaña.

En 2023, la propuesta era clara: 100 viviendas por año. Si ese compromiso se hubiera cumplido, a esta altura Olavarría debería estar viendo un avance mucho mayor. En cambio, hasta ahora lo que predominan son los anuncios.
Si estas 40 viviendas finalmente se concretan, todavía quedarían 360 viviendas para alcanzar aquella promesa antes de finalizar el mandato en 2027. La pregunta es inevitable: ¿de dónde saldrán los recursos para construirlas?
Según los números que surgen del RAFAM, las cuentas municipales no parecen ofrecer demasiado margen. Salvo que la totalidad del financiamiento provenga de la Provincia, el interrogante financiero sigue abierto. Porque si el Municipio termina absorbiendo ese costo con recursos propios, los vecinos podrían terminar soportándolo mediante una mayor presión tributaria.
La otra incógnita es el tiempo. Si dos calles centrales del barrio Pickelado demandaron alrededor de un año para ser asfaltadas, cuesta imaginar cuánto demorará la construcción de 40 viviendas completas. Ojalá esta vez los plazos sorprendan para bien.
Lo cierto es que las promesas de campaña empiezan a pasar factura cuando chocan contra la realidad. Las 100 viviendas por año se suman a otros compromisos que muchos vecinos consideran incumplidos: una ciudad más limpia y una administración más eficiente. Ni hablar de las incumplidas promesas a los trabajadores municipales.
Existe además un temor que muchos vecinos expresan cada vez que se anuncian grandes obras en tiempos políticos: que las viviendas no lleguen a estar terminadas antes de 2027 y que su finalización quede condicionada al próximo proceso electoral. Desde una mirada crítica, esa estrategia de La Cámpora serviría para mantener la expectativa de los beneficiarios y convertir una necesidad tan básica como la vivienda en una herramienta de campaña. Es una práctica habitual de La Cámpora: obras públicas que quedaron inconclusas durante años, transformando las inauguraciones parciales y las promesas de continuidad en parte del discurso político, en lugar de entregar las obras completamente terminadas.

Gobernar implica mucho más que anunciar. Los vecinos ya aprendieron a mirar menos las conferencias de prensa y más los resultados. Porque las viviendas no se construyen con discursos, las calles no se asfaltan con fotografías y la confianza tampoco se recupera con promesas repetidas.
En política, los anuncios generan expectativas. Las obras terminadas generan credibilidad. Y entre una cosa y la otra hay una diferencia que los vecinos de Olavarría conocen cada vez mejor.
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