
En Olavarría, algunos confunden autoridad con humillación y gestión con pasarela. En el Juzgado de Faltas, según relatan trabajadores, el funcionamiento es deficiente y el clima laboral, tóxico. El juez Lucho Chupín —famoso por su look prolijo, pantalón ajustado y zapatos siempre hiper lustrados— vive con clase en Souveterre y, dicen, gobierna con desprecio.

Los testimonios se repiten: maltrato sistemático, cambios arbitrarios de tareas, humillaciones públicas. Escenas que helan la sangre: “Vení… mostrame qué ropa te pusiste hoy”. Mirada de arriba abajo. Remate: “Claro, vos sos pobre”. No es chiste. Es poder mal usado.
El resultado: trabajadores pidiendo pase, vacantes que nadie quiere cubrir, miedo cotidiano y silencio cómplice. Mientras el relato oficial habla de institucionalidad, puertas adentro manda el destrato.
Luchito Chupín se encuentra protegido por La Campora…. sí querido lector… hay una conexión con Cesar Valichanti… acuerdos espureos, maquiavelicos, económicos.
En Olavarría, cuando el poder se viste de impunidad, la justicia pierde forma. Y no hay zapato lustrado que lo tape.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.
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