
En los pasillos municipales estaría circulando una nueva historia de maltrato, gritos y violencia laboral que, de confirmarse, volvería a poner bajo la lupa al Ejecutivo municipal. Esta vez, el escenario sería Control Urbano.
Según versiones que estarían circulando entre trabajadores, un policía que realizaría horas POLAD dentro de Control Urbano y que sería pareja del secretario de Seguridad, Elías Quintas, habría protagonizado distintos cruces con empleados municipales.
Los relatos hablarían de discusiones, gritos y faltas de respeto hacia trabajadores del área, en situaciones que algunos empleados podrían considerar como violencia laboral.

Pero la versión que más preocupa sería todavía más seria.
Se comentaría que dos empleados municipales que habrían sufrido situaciones de maltrato terminarían siendo atendidos e internados en el Hospital Municipal.
Si esto fuera así, ya no estaríamos hablando simplemente de una discusión de oficina ni de un “mal día” de alguien. Estaríamos hablando de trabajadores que podrían haber terminado necesitando atención médica después de situaciones ocurridas en su ámbito laboral.
Y entonces aparece la pregunta que, como siempre, parece tener la desagradable costumbre de arruinar la tranquilidad de quienes preferirían que nadie pregunte demasiado:
¿Dónde estaría el Sindicato? Porque el trabajador municipal aporta todos los meses para tener representación.
Y cuando aparecen denuncias de maltrato, gritos o violencia laboral, sería razonable esperar que esa representación aparezca. Pero, según lo que se estaría comentando, Stuppia no aparecería. Y tampoco parecería haber demasiadas señales de intervención de la Dirección de Personal.
Silencio por acá. Silencio por allá. Mientras tanto, los trabajadores seguirían siendo quienes tienen que poner la cara todos los días.
Y si además fuera cierto que el Ejecutivo municipal estaría al tanto de estas situaciones y no habría tomado medidas, la pregunta sería todavía más incómoda:
¿Qué tendría que ocurrir para que alguien intervenga? ¿Hace falta una denuncia formal? ¿Un expediente? ¿Una internación? ¿O recién habría reacción cuando el problema se convierta en noticia?
Porque una cosa es un conflicto laboral y otra muy distinta es que un trabajador pueda sentirse maltratado, humillado o violentado dentro de su propio lugar de trabajo.
Y hay algo que resulta particularmente llamativo.
Después de las versiones que estarían circulando sobre un supuesto caso de acoso en Monitoreo, ahora aparecería otro relato relacionado con maltrato laboral en Control Urbano. Dos áreas municipales. Dos situaciones diferentes. Una misma pregunta de fondo: ¿Quién controla a quienes deberían controlar?
Porque si el poder político sabe lo que estaría pasando y decide mirar para otro lado, ya no sería solamente un problema de conducta individual.
Sería un problema institucional.
Y si el Sindicato sabe y tampoco actúa, entonces habría que preguntarse para qué sirve tanta estructura, tanta representación y tanto descuento sindical en el recibo de sueldo. Porque para sacarle plata al trabajador, aparentemente, nunca falta nadie. Para defenderlo cuando tendría problemas, la presencia parecería ser bastante más selectiva.
Por supuesto, todo esto deberá ser aclarado y, si corresponde, investigado. No se debería condenar a nadie sin pruebas. Pero tampoco debería utilizarse la falta de una investigación para esconder los problemas debajo de la alfombra.
Porque los trabajadores municipales no deberían tener que elegir entre aguantar el maltrato o quedarse callados. Y si realmente existen empleados que habrían terminado en el hospital después de situaciones de este tipo, alguien debería explicar qué pasó. El silencio no es una política de Recursos Humanos.
Aunque en este Municipio Camporista, por lo que se estaría viendo, podría estar convirtiéndose en una bastante conveniente.
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