
Érase una vez un circo …
Érase una vez un grupo de payasos. Revoltosos. Eufóricos. Sucios. Quejosos. Incendiarios. Payasos sindicales que tenían una particular habilidad: arruinar cuanto festejo organizara el ex intendente Ezequiel Galli.
No importaba de quién fuera la fiesta. No importaba cuál fuera el motivo. Si había fiesta, había protesta. Y si había protesta, había bombo, bandera y algún que otro incendio de paciencia.

La vara llegó a ponerse altísima: un 54% de aumento. No alcanzaba. Les parecía poco. Casi nada. Algo así como las migajas que caían de la mesa de Galli, decían.
Pero dicen que el tiempo cambia todo.
Y mucho más cuando un gobierno tiene a esos mismos payasos sobre las cuerdas flojas.
Porque, según se comenta, cuando la negociación con Wesner se vuelve conveniente y aparece la posibilidad de que ciertas cuestiones terminen transformándose en denuncias, el bombo parece sonar bastante más bajito. Tan bajito que terminó guardado en el ropero.
Y así llegamos al presente.
Los mismos que ayer gritaban por aumentos del más del 50 % hoy festejan tres cuotas del 1%, algunos incrementos camuflados como bonos y un 8% conseguido el mes pasado.
Felices.
Contentos.
Aplaudiendo.
Y hasta amenizando la fiesta del Día del Niño del intendente García Wesner.
Ya ni siquiera se disfrazan de payasos. Directamente pasaron a serlo.
Lo curioso es que, en el camino, dejaron de representar a quienes decían defender.
Terminaron siendo, según la mirada de muchos municipales, cómplices, amigos y socios políticos de quienes gobiernan.
¿Socios? Sí. Socios en contra de los propios “compañeros” municipales.
Sí, los municipales. Esa pobre gente que alguna vez cayó en la trampa de creer que el “proyecto nacional y popular” no iba por ellos.
Y mientras tanto, el circo continúa.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.