

Baldino sube, Di Uono vuelve a Comunicación y el gabinete de Wesner vuelve a mover sus piezas. ¿Reorganización? Puede ser. ¿Una solución? Eso todavía está por verse.
Otra vez cambios.
Otra vez movimientos.
Otra vez un funcionario que sale de un lugar, otro que entra y la maquinaria municipal haciendo ese curioso ejercicio de reacomodarse como si cambiar nombres fuera suficiente para solucionar los problemas.
Esta vez le tocó a Desarrollo Económico.
José Pablo Di Uono deja la Secretaría y vuelve al área de Comunicación y Ceremonial. Bernardo Baldino, hasta ahora subsecretario de Empresas e Inversiones, asciende al frente de la Secretaría. También se anunció a Agustín Macchioli como subsecretario de Empresas e Inversiones.
Y sí, claro: Baldino finalmente llega al lugar que durante tanto tiempo pareció mirar desde la vereda de enfrente.
Pero, sinceramente, ese es el dato de color.
Porque el problema de fondo es muchísimo más grande que quién ocupa un sillón.
¿CUÁNTOS CAMBIOS HACEN FALTA PARA QUE ALGO EMPIECE A FUNCIONAR?
Ese es el verdadero interrogante.Porque mientras el Ejecutivo sigue moviendo funcionarios como piezas de un tablero, la ciudad sigue esperando resultados.
Se cambia uno.
Se prueba con otro.
Se crea una estructura.
Se modifica otra.
Se corre una ficha.
Se acomoda otra.
Y mientras tanto pasan los meses.
Pasan los años.
Y los problemas siguen ahí.
El propio Municipio presentó durante estos años distintas iniciativas vinculadas al desarrollo productivo, articulación con empresarios, industria, minería y planificación. Incluso se destacó la necesidad de generar políticas públicas basadas en evidencia a partir del Censo Industrial.
Perfecto.
Pero una pregunta bastante sencilla sigue flotando en el aire:
¿Dónde está el resultado que siente el vecino?
Porque una cosa es anunciar reuniones, mesas de trabajo, censos, encuentros y articulaciones.
Y otra muy distinta es conseguir que la ciudad crezca, que se genere empleo, que se atraigan inversiones y que el sector productivo encuentre respuestas concretas.
EL PROBLEMA NO ES BALDINO. NI DI UONO.
Y acá está quizás la parte que más cuesta admitir.
No se trata de demonizar a uno ni de santificar al otro.
El problema es un modelo de gestión que parece cada vez más concentrado en acomodar piezas internas antes que en resolver los problemas externos.
Porque si después de tantos cambios la pregunta sigue siendo “¿quién está a cargo?”, quizás estamos haciendo la pregunta equivocada.
La pregunta debería ser:
¿Qué está funcionando?
Y ahí el panorama se vuelve bastante menos cómodo.
Nos escriben vecinos.
Todos los días.
“Fíjense esto.”
“Pregunten aquello.”
“¿Por qué pasa esto?”
“¿Por qué no funciona aquello?”
“¿Quién se está ocupando?”
No somos nosotros quienes inventamos esas preguntas.
Nos las hace la gente.
Y cuando las preguntas se multiplican, pero las respuestas nunca llegan, el problema deja de ser comunicacional.
Es gestión.
LOS QUE QUEDAN
Hay algo todavía más preocupante.
A medida que pasan los años, da la sensación de que el sistema va depurando funcionarios hasta quedarse con los más cercanos, los más confiables, los más obedientes.
Los que conocen el funcionamiento interno.
Los que no generan demasiados dolores de cabeza.
Los que están.
Los que responden.
Los que acompañan.
Pero gobernar una ciudad no consiste en armar un equipo de gente que simplemente acompañe.
Consiste en tener gente capaz de resolver.
Y ahí aparece la pregunta incómoda:
¿Se está eligiendo a los mejores para cada función o simplemente a los que mejor encajan dentro del esquema político?
Porque si después de cambiar, sacar, poner, probar y volver a cambiar seguimos encontrando problemas en prácticamente todos los frentes, quizás el problema no sea el funcionario de turno.
Quizás el problema sea el sistema.
EL RELOJ CORRE
El mandato sigue avanzando.
Y cada cambio de gabinete puede presentarse como una oportunidad.
Está bien.
Pero también puede ser leído como el reconocimiento implícito de que algo no estaba funcionando como debía.
Porque si todo estuviera funcionando maravillosamente, ¿para qué cambiar tanto?
La ciudad no necesita funcionarios que aprendan a ocupar cargos.
Necesita funcionarios que sepan qué hacer con ellos.
Necesita planificación.
Necesita gestión.
Necesita resultados.
Necesita respuestas.
Y, sobre todo, necesita dejar de ser el laboratorio donde cada tanto se prueba una nueva combinación de nombres.
Porque mientras en el Palacio San Martín acomodan las piezas, afuera hay una ciudad que no puede darse el lujo de esperar.
Se acerca el tramo final de una gestión que llegó prometiendo transformación.
Y la sensación que queda, después de tantos cambios, es bastante más sencilla: cambiaron los nombres. Cambiaron los cargos. Cambiaron las estructuras.
Pero los problemas siguen.
Y si después de todo este tiempo todavía hay que seguir preguntando quién va a hacer funcionar las cosas…
Bueno.
Quizás ya tenemos la respuesta.
No funciona, chicos.
No funciona.
𝙾𝚀𝚂 | 𝚅𝚎𝚌𝚒𝚗𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚗𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚊𝚗 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚘𝚜.